07 diciembre 2006

Moros, judíos y protestantes

El último ponente de la mañana, en la que hablé sobre la Iglesia y la Segunda República, en el congreso ya citado, fue el popular escritor e historiador César Vidal, quien habló sobre las minorías religiosas durante la República, la Guerra civil y el franquismo. 1) Los moros, como antes se les llamaba, eran una mayoría religiosa en el Marruecos español, y tenían libertad para el culto privado y público. Fueron favorables a Franco tras el alzamiento de julio y decenas de miles de ellos combatieron en sus filas. 2) La minoría hebrea -de 8 a 10 mil sefardíes en Marruecos español- había abierto en 1928, por vez primera desde 1492, un centro judío en Barcelona. La sinagoga en esta ciudad fue destruida en los primeros meses de la República, pero abierta dos años más tarde. Algunos judíos emigraron viendo lo que les venía encima. Estallada la guerra civil, se cerraron las sinagogas en Marruecos y se fusilaron algunos judíos, acusados de masones. Otros, en cambio, suscribieron manifiestos a favor de Franco y colaboraron económicamente con su causa. El generalísimo tranquilizó a los de Marruecos tras los primeros abusos y atropellos que sufrieron. Por otra parte, muchos judíos combatieron asimismo en las "brigadas internacionales". Después de la guerra, la sinagoga y el centro de Barcelona fueron profanados. Algunos judíos pasaron entonces a la clandestinidad. Desde 1945 la situación de la minoría hebrea en nuestro país fue parecida a la que vivió durante la monarquía, con la constitución de 1876: una tolerancia mejor o peor llevada, con una mayor libertad en Marruecos. 3) Y algo así podría decirse, en general, de los evangélicos, que pudieron ser por entonces en toda España unos 15.000. La República no les añadió gran cosa. No se conocen políticos evangélicos. Tras el alzamiento de julio, los protestantes, sus templos, sus colegios, sus colportores, etc., desaparecieron. Sostiene Vidal que, si algunos de ellos fueron fusilados, lo fueron por ser masones. Después, si no persecución, hubo, sobre todo en los primeros tiempos, hostilidad y hostigamiento, aunque algunos pastores protestantes españoles elogiaron a Franco y se atrevieron a pedir, con la ayuda de relevantes protestantes extranjeros, un tratamiento digno para los seguidores de la Reforma. Desde el final de la guerra europea se abrieron los templos y la libertad de los evangélicos mejoró notablemente, a pesar de las restricciones a la que les sometía la institucionalización de la religión oficial única del Estado, que fue hasta los tiempos del Concilio Vaticano II, la católica.