"Uno de los barullos más grandes..."
La tarde del día 6, martes, debatían las Cortes españolas el artículo 42 del proyecto constitucional que trataba de la propiedad, y decía, por ejemplo, que el Estado procedería "de un modo gradual a su socialización". El gentil y moderado Julián Besteiro, presidente de las Cortes y del PSOE, perorando esta vez como portavoz del partido, amenazaba con la insurrección si se cerraba la puerta a una vía pacífica y progresiva hacia la República social. Y nadie pareció inmutarse. Ese mismo día, entrevistado en El Sol, diario fundado por Ortega, el católico liberal Ángel Ossorio y Gallardo, ex ministro maurista; presidente de la comisión jurídica asesora, creada por el ministro Fernando de los Ríos; decano del colegio de abogados de Madrid, y diputado independiente por la capital, se mostraba partidario de la separación de Iglesia y Estado para llegar después a un concordato; en cambio, si se aprobaba el dictamen que disolvía todas las órdenes religiosas y nacionalizaba sus bienes, junto con otras brutales agresiones a la Iglesia, "nos podemos despedir de la República". -¿Y qué vendrá entonces?, le preguntó el periodista. -"Uno de los barullos más grandes que habrá á visto la historia", respondió Ossorio. No debía de pensar eso el diputado radical-socialista por Madrid, Luis de Tapia, anticlerical furibundo, que cantaba así, esa misma fecha, en su sección coplera del diario laicista La Libertad:
Distinguido jesuita,
¡a marcharse enseguidita!
Escurialense agustino,
¡hay que ponerse en camino!
Buen fraile de la Merced,
¡a ver si se marcha usted!
Blanco y puro dominico,
¡huye a mil lenguas y pico!
Y tú, buen fraile mostén,
¡que yo te vea en el tren!
(...)
¡Las Órdenes religiosas
tendrán que huír presurosas!
¡Porque la ley venidera
las pondrá tras la frontera!
...
... Y en ese plan.

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