Lo primero, la salud
Solemos decir -y hoy más que nunca, en estos tiempos de supremo culto al cuerpo- que lo primero, la salud. Pues, sí y no. Una enfermedad llevada con coraje, o una incapacidad cualquiera, que florezca en madurez, sabiduría y bondad, son valores vitales y morales -no digamos, cristianos- mucho mayores que ciertas vidas saludables, llenas de vacío, frivolidad, inhumanidad y barbarie.

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